sábado, 29 de marzo de 2008

Trenes - Parte II

Y así, una parte de él venció a su miedo y subió al tren. Y así, una parte de él sucumbió ante el miedo de seguir su vida, decidiendo dejar atrás todos los problemas, huir y no volver nunca la vista atrás.

Se acabó, no hay más, sin vuelta atrás... Y sin embargo siento que abandono algo... Será mejor que busque mi asiento y no lo piense, mañana comienza una vida nueva.

Encuentro mi asiento, dejo mis maletas en el compartimento y sin mas me asomo a la ventana a ver como a toda velocidad nos alejamos de la estación... Y veo lo que he abandonado... Me veo a mi... Ahí estoy, de pie, mirándome extrañado, reprochándome el no haber sido capaz de enfrentarme a mis problemas e irme. No me culpo, yo haria lo mismo. Pero lo hecho, hecho está y en esta ocasión no puedo rectificar.

El tren se aleja de la estación y sigo mirando por la ventana, viendo como la mano del hombre poco a poco deja de emborronar paisajes que en su momento debieron ser hermosos y me rio para mis adentros por lo irónico de mis pensamientos. iempre he vivido en junglas de asfalto, he pastado del hormigón que puebla su suelo y me ha arropado la sombra de sus árboles de acero y cristal, sin embargo me encuentro criticando la acción del hombre contra la naturaleza para crear esas abominaciones que llamamos ciudades, esas ciudades que yo tanto adoro... Te echaré de menos Madrid.

La gente va y viene por los vagones, algunos comen, otros charlan, leen, escuchan música y yo, ausente al mundo que me rodea sigo mirando por la ventana, metido en mis pensamientos contemplo como el paisaje va cambiando a tal velocidad que mis ojos no pueden posarse el suficiente tiempo en algo como para poder echarlo de menos cuando al siguiente instante ha desaparecido de mi vista.

Mis pensamientos se ven interrumpidos cuando otro tren pasa a toda velocidad en sentido contrario y, durante un segundo mi mirada se cruza con la de alguien, creo que jamás había visto unos... ojos como los suyos, una pena que tengamos destinos contrarios, mañana comienzo mi nueva vida, buenos dias Madrid... Buenos dias.

jueves, 20 de marzo de 2008

Trenes - Parte I

Sentado veo pasar los trenes, pronto llegará el mio, todo lo que me llevo está en las maletas que tengo a mi lado y nada más, excepto quizá el recuerdo de una ciudad que me ha visto crecer y el de algunas personas que en ella habitan, pero nada más.

Aún no se del todo por qué me voy, pero simplemente no puedo estar aquí, no quiero seguir aquí, tal vez sea el aire o la gente, tal vez las calles sean demasiado estrechas para mí... O tal vez sea que quiero borrar junto con la ciudad todos los malos recuerdos que de vez en cuando me asaltan, en fin, desaparecer...

Pero antes de irme tenia que hacer algunas cosas, no es que no quisiese dejar cabos sueltos, es que son cosas que simplemente necesitaba hacer, unos recuerdos que queria tener frescos para cuando me marchase.

Fui a ver a mi abuelo, se extrañó al verme solo, se extrañó cuando le dije que le queria y pasé un dia con él, le reí sus chistes, charlé con él y le pedí que me contase una historia, como las que me contaba cuando era pequeño y dormí soñando que era un caballero que se enfrentaba a dragones sin contemplar jamas la derrota.

Llamé a mi abuela y la invite a comer, hablamos, miramos un par de tiendas y, como siempre, me acabó comprando algo en contra de mi voluntad y, como siempre, ese algo me encantó. Abracé a mi abuela, la di las gracias por todo lo que siempre ha hecho por mi y ella me separó y me preguntó que qué me pasaba.

Compré unos regalos para mis primas, unas cuantas tonterias, muchas a decir verdad, pero no importaba, porque ellas son el verdadero amor de mi vida, solo pensaba en su sonrisa cuando vieran aparecer a su primo y como me llenarian a besos en cuanto abriesen las bolsas que llevaba para ellas.

Y tras comprar el billete de tren y encontrar donde vivir hice las maletas, me fui de casa de madrugada, sin hacer ruido y dejando una carta en mi escritorio aclarandolo todo, no me despedí de nadie salvo de mi hermano, deseándole la mejor suerte en la vida.

Y sigo sentado esperando mi tren, me tiemblan las piernas y se me saltan las lagrimas al pensar lo que voy a hacer, todavía puedo echarme atrás si no estoy seguro... Pero no debo...

Aquí está, llegó mi tren, me seco las lágrimas, recojo las maletas y me pongo en pie como puedo, me cuesta andar, pero lentamente me acerco al tren. Echo una última ojeada al andén, esperando ver algo o alguien que me retenga, pero es una esperanza que se desvanece tan pronto como recuerdo que nadie sabe que me voy.

Adios.

Y así, el tren marcha, dejando tras de si un andén casi vacio.